Carne para exportar y excrementos para rentabilizar; el negocio de las plantas de Biogás
Con la fiebre o burbuja inversora en plantas de biogás, se podrá dar la paradoja que interesen tanto los excrementos de los cerdos como su propia carne, estimulando además la implantación de más macrogranjas. “Economía circular” para el negocio “redondo” de unos pocos

Resulta indudable que la localidad de Lorca es agrícola y ganadera, siempre lo fue, pero nunca adquirió tanto dominio de la vida económica y social de la ciudad como en la actualidad, tal es su envergadura que el sector servicios e industrial tienen muy poco peso en el panorama actual, cuando décadas atrás eran sectores que mantenían a la ciudad con unos niveles socioeconómicos más equilibrados que la presente situación, un ejemplo de este panorama es la alta demanda de mano de obra inmigrante de baja cualificación que atrae el sector primario, con tasas que rozan el 30%, cuando en otras localidades de la región, con menos peso de este sector, ese porcentaje es mucho más bajo.
Hecha esta introducción, nos sumergimos a analizar que ha provocado que en Lorca quieran desembarcar hasta 10 proyectos de centrales de biogás que pretenden convertir a la ciudad del Sol en un punto referente de tratamiento de purines del sureste peninsular gracias al marcado carácter ganadero de la Región de Murcia y los municipios limítrofes de Almería. Todo, al calor de generosos fondos públicos que desde la Administración central destina al biogás con el objetivo de que el mix energético cuente con otra fuente propia que nos haga depender menos de las importaciones de terceros países. Al mismo tiempo, el sector ganadero tiene un enorme problema, como es la gestión de los purines. Los que nos venden las centrales de biogás predican que sus instalaciones vienen a solventar estos problemas enquistados. ¿Pero es así?
Hay un punto de inflexión que marca la omnipresencia del sector en la localidad, el 31 de enero de 2022, ese día al Pleno municipal de la localidad había llegado la ansiada moción que establecía unas distancias mínimas para las nuevas granjas de cerdos, distancias que debían respetar núcleos rurales, colegios o ramblas. La moción no llegó de casualidad, era creciente la preocupación de muchos vecinos que veían un sector desbocado, que asediaba a muchos vecinos con instalaciones que acogían a 2000 cerdos que ocasionaban una pérdida de calidad de vida en los vecinos y una depreciación de sus casas o fincas colindantes. Esta famosa votación ya sabemos cómo terminó para vergüenza de nuestro pueblo. Un grupo de ganaderos asaltó el Pleno con amenazas y hubo que posponer la votación a unas semanas después en la que la misma moción fue votada y aprobada. Tres años después con esa moción aprobada, ninguna granja ha sido cerrada, ni ningún ganadero se ha ido a la ruina como increíblemente algunos propugnaban días antes de la votación que llevó a un acto totalmente condenable en una democracia, donde todos los ciudadanos se someten a las leyes que emanan de las instituciones votadas por el pueblo.
Este gran revuelo puso el foco en la ganadería que se desarrolla en Lorca, un sector que la última década ha crecido de una forma muy pronunciada al calor de las exportaciones a China, éxito provocado por el buen hacer del sector que ha sabido afrontar retos en la cría de este animal, que ha llevado a una cabaña superior al millón de cerdos en nuestra localidad con un peso económico que tiene a las principales firmas locales del sector entre las que más facturan.
Y claro, donde comen y defecan un millón de cerdos (más de 10 marranos por cada persona que vive en Lorca) tiene consecuencias, porque ya no hablamos de las antiguas instalaciones que acogían 300 o 500 cerdos y que no ocasionaban los perjuicios de las macrogranjas actuales. La primera duda es el origen del agua que da de beber a muchos de esos animales, han sido constantes las intervenciones del Seprona o la Comisaría de aguas de la Confederación, que ante la presión que el sector origina a acuíferos, ríos o manantiales ha puesto en duda la legitimidad de muchas granjas para su abastecimiento. La otra duda es obvia, los purines. Las eyecciones generan mal olor en toda la ciudad, sobre todo cuando cientos de cubas riegan constantemente los campos de cultivo distribuidos por todo el término municipal. Ese olor se ha generalizado y es un “distintivo” de nuestra localidad que con resignación parece aceptado por la ciudadanía. Este problema se ha agravado con el crecimiento de la población porcina pues los vertidos han llevado a una situación crítica las aguas subterráneas contaminadas por niveles de nitratos, que superan los límites establecidos que alertan de su peligrosidad para la salud. Un problema que en otras poblaciones ha llevado a prohibir el consumo de agua de grifo por este motivo, aquí no se ha dado, porque nuestra red local se abastece con agua importada en buena parte del territorio. Por no hablar de los problemas respiratorios que ese aire fétido ocasiona a buena parte de la ciudadanía más vulnerable.
En urbanismo hay 10 proyecto más. ¿En qué queremos que se convierta Lorca?
Ante el enorme problema y peligro para la salud que suponen los millones de litros de purín producidos por los cerdos, que contienen metales pesados o antibióticos. La administración ha habilitado como solución las centrales de biogás. ¿Pero que supone tener este tipo de instalación próxima a los núcleos urbanos, y Lorca necesita tantas?
En este sentido, la información que emana de los promotores de estos proyectos deja muchas lagunas, pues los agresivos procesos para tratar esos residuos a altas presiones para descomponerlos y generar gas al mismo tiempo, nos lleva a pensar que las emisiones de esta actividad no deben ser muy inocuas para quién las respire. Aún no hemos escuchado o leído a lo largo y ancho de la geografía nacional a los promotores de estas centrales garantizar sin ningún género de duda que estas plantas no emiten malos olores. También genera dudas entre los vecinos la logística que abastecerá de purines dichas instalaciones, diariamente transitarán innumerables vehículos cisternas que tendrán que atravesar núcleos urbanos todos los días para llegar a su destino. Dudas razonables que surgen entre los habitantes de nuestro pueblo.
Y aquí surgen varias preguntas… ¿en qué tipo de pueblo queremos que se convierta Lorca, uno que sea un polo de centrales de biogás rodeado de macrogranjas de cerdos con todo lo que acarrea un modelo económico de este tipo? O bien, ¿una Lorca que apueste por un desarrollo de industria no agresiva y servicios, donde resulte cómodo vivir sin perjuicio para la salud y con estándares de calidad de vida que atraigan inversiones y talento?
En cualquier caso, esta fiebre o burbuja inversora por el biogás, en Lorca somos expertos en burbujas, y aún estamos pagando la de los convenios urbanísticos, tendría un claro freno, y es una moratoria para otorgar nuevas licencias de macrogranjas. Lorca necesita saber si podemos asumir más macrogranjas según disponibilidad de agua, suelo, tratamiento de residuos y conflictividad social. Si este modelo de implantación de macrogranjas sigue incrementándose serán más los proyectos de biogás que querrán asentarse en la localidad. Recordemos que en la actualidad existe una instalación en vías de ampliación en Barranco Hondo que trata purines y otra megacentral en construcción en las instalaciones del vertedero municipal que promueve Gesalor, que aglutina a buen número de productores lorquinos. En urbanismo hay 10 proyecto más. ¿En qué queremos que se convierta Lorca?
