
Si nuestros agüelicos levantaran la cabeza, tantos años labrando y sembrando la tierra detrás del arado con la mula tirando de esa herramienta ancestral, amagándose para enterrar las semillas y unas semanas después volver a agacharse para recoger las hortalizas, verduras; o bien erguido recogiendo las frutas de ningún árbol prohibido

Y éramos pequeñicos, o pequeñicas, y con los agüelos y los tíos, hasta vecinos, participábamos todos de muchos de esos ejercicios naturales, con nuestras manos y apenas herramientas, de sol a sol, con no muchos descansos para tomar agua fresca del botijo, y para almorzar un buen trozo de tocino, con un pan inmaculado cortado con las manos y repartido como buena familia. Y con las sobras de las comidas se alimentaban mucho los marranos, las gallinas, hasta el caballo o la mula saboreaban esas benditas sobras, todo se aprovechaba.
Los agricultores, como los pastores, conocían la tierra mejor que nadie y cómo cuidarla con mimo para dañarla lo mínimo y sacar lo necesario “pa tirar palante”. Apenas había explotaciones agrícolas por ese entonces, como tampoco lo de oler el ambiente a pura mierda.
Ahora, intentemos no mirar atrás, aunque no haya pasado tanto tiempo, sabiendo que es difícil hacerlo. Miremos a la actualidad, la de los últimos años, unas pocas décadas del cambio producido en la sociedad, tanto rural como la urbana, que al final es la suma de ambas.
El cambio es mayúsculo, sin pronunciarse si para mejor o para peor, para unas cosas sí para otras no tanto, pero sí se podría decir en términos generales que no parece bueno por el gran daño que se está haciendo al planeta. Las noticias continúan rondando sobre ese asunto, y por nuestro bien que no paren de rondar, pero parece que solo las escuchamos.
Volviendo a nuestro pequeño espacio que heredamos de nuestros antepasados, Lorca y su entorno han estado viviendo ese cambio, y he aquí donde pueden venir las desavenencias como en todo. Pero seamos, sobre todo, realistas, pragmáticos, nada de triunfalismos como de fatalismos, para eso están los políticos y grupos de poder interesados, parece mentira, para hacer más bien daño que cosquillas, sin mirar o hacer nada más.
Si nuestros agüelicos y agüelicas estuviesen siguiendo desde el cielo, o desde donde sea, el devenir de estas décadas se llevarían las manos a la cabeza, pero no por los cambios en modernidad o progreso, como se le quiera llamar; seguro que por lo mal que lo estamos haciendo. ¿Por qué? Y la principal razón es por poner al sector primario desde hace tiempo como prácticamente el único referente del desarrollo y futuro del municipio y la ciudad.
Es cierto que la industria era mínima, y el comercio podía decirse que marcaba el ritmo. Verdaderamente Lorca era una capital comarcal en ese sentido, atrayendo a muchos vecinos a comprar y comerciar en Lorca.
Lorca nunca ha sabido aprovechar su tesoro monumental, su caciquismo la ha llevado a destruir o desfigurar elementos únicos que podrían haber disparado a Lorca para convertirla en una ciudad incluida en el circuito de ciudades monumentales, incluyendo también otros tesoros como la semana santa, su historia y la artesanía. El engendro del parador y el castillo, como otros casos, son de diccionario de disparates y desaprovechar los pros que la ciudad ofrecía y aun tiene. El destrozo y desvarío de la riqueza que Lorca ha venido conservando del pasado ha sido, como mínimo, adulterada por los paletos de turno con sus desconocimientos y caprichos.
Cada vez entre más ciudadanos y ciudadanas de Lorca crece la preocupación por el presente y futuro de esta tierra escaldada y olvidada. Y por revertirlo…
Lorca parece desconocer la palabra industria, y alardea de unos cuantos polígonos industriales que apenas son bodegas y garajes. Pero eso sí, constantemente ha venido apoyándose, desde todos los frentes, a la agricultura y la ganadería, principalmente extensiva en los últimos tiempos. ¿Qué ha traído este operar? Algunas de las consecuencias:
- Más desertización. La tierra está más erosionada y contaminada que nunca. La sobreexplotación y contaminación de los acuíferos, la progresiva conversión de tierras de secano en regadío, la gran utilización de productos fertilizantes, el exceso imparable de purines, el allanamiento de terrenos para transformarlos en tierras de cultivo…
- Riqueza repartida entre muy pocos. Sin importar el precio a pagar por lo anterior, son unos pocos dueños de incontables cebaderos, granjas y otras macro-explotaciones de animales como de grandes plantaciones de cultivo extensivo, incluidas bajo plástico. Son los amos del mambo, que han llevado a Lorca, junto con los políticos, a la realidad actual.
- La contaminación. Los olores, no solo a mierda, producido principalmente por los purines y los pesticidas y otros productos para la agricultura son cada vez más una parte inseparable del aire que se respira en la ciudad y en el campo. Hay sitios donde se hace imposible vivir. Esa contaminación afecta indudablemente a la salud de las personas y se deberían tener en cuenta, con todas las consecuencias, los estudios que sin duda se han hecho acerca de las enfermedades y efectos serios en la población. No hay más que abrir las ventanas o pasear por determinadas zonas para sentir con rabia lo descrito.
- La llegada de una población que se instala en la ciudad, barrios y pedanías, mucha en situación irregular (desde su entrada a territorio nacional ilegalmente) que busca desesperadamente una forma de ganarse la vida y la encuentran mayormente en el campo, en ese escenario descrito antes. No tienen la culpa en absoluto, pero son una consecuencia de la dependencia excesiva y negativa hacia el sector primario por el que se ha decidido y conformado Lorca.
Este último punto merece mucha más tinta. A nadie escapa el esclavismo moderno y explotación hacia muchos de esos trabajadores y trabajadoras. Tampoco la situación, ya mencionada, de prorrogar la ilegalidad de parte de esa población puede continuar. No es descartable que hasta eso está contribuyendo a un efecto llamada por la inacción hacia esa ilegalidad. Eso lleva a plantearse que algo no está funcionando bien en el Estado: las fronteras son un queso gruyere, campan a su aire en la calle, (independientemente de la crudeza y tristeza de la historia que hay detrás de muchos de ellos); la inseguridad ha aumentado (y los lorquinos tienen que pagar de sus bolsillos el incremento de la policía local porque faltan policías o guardias civiles que el Estado no suple)… y específicamente en Lorca hay ejemplos que ya plantean un futuro muy incierto: guetos, escasa o casi inexistente convivencia (los motivos merecerían otro apartado), comercios y negocios de segunda mano, cierre de negocios tradicionales…
Se quiera o no, la mayoría de la población inmigrante, regular e irregular, se está instalando en Lorca como consecuencia de la agricultura y ganadería extensiva, convirtiendo a la ciudad y el campo en una especie de hostal dormitorio, -muchos trabajan en la agricultura también a varios kilómetros de distancia-. La proliferación también de pisos patera, en condiciones muchas veces inhumanas… y así un escenario que apunta a no mejorar y que por todos los medios habría que intentar cambiar, por el bien de todos.
¿Y ahora, nuestros abuelos, qué dirían? Seguro que no les importaría que otra gente, buena gente siempre, venga a convivir con nosotros, les disgustaría aquella que no actúa bien, como tampoco la que explota, que la hay de los dos lados. No soportarían ver los paisajes de muchas partes del municipio convertidos en auténticos escombreras de purines, extensos campos de plásticos, ríos y acuíferos contaminados… Da auténtica rabia ver en las pedanías como florecen los cebaderos, los movimientos de tierras y enormes cultivos bajo plásticos, casi sin control ninguno.
No hay que oponerse frontalmente al sector agropecuario, no es la solución su eliminación, lo que está claro es que hay que diversificar para reducir su dependencia y no invertir casi exclusivamente en él. La disminución de los recursos provenientes de la PAC de la UE, el impacto negativo incesante hacia el medio ambiente y la salud de las personas de la sobreexplotación agrícola y ganadera en la zona, la competencia de otros países mercados extranjeros, -no tan lejanos y lo incongruente de que mucha de esa inversión fuera proviene de productores regionales-… todo ello son más que razones suficientes para actuar. Hay vida más allá de la agricultura y la ganadería, independientemente de la necesidad de que el ser humano se alimente.
Y para acabar la faena, la última, que sin duda a este ritmo será la penúltima, porque habrá otros episodios de seguir con este desaguisado escenario, nos encontramos con las plantas de biogás que vienen (o mejor quieren hacer ver) como agua de mayo a instalarse en el municipio, de momento el que más tendría, y con diferencia al resto de la región.
Es tiempo de revelarse, pero no solo por los asuntos arriba mencionados, por este último en particular y con fuerza también. Hay que ser claros y contundentes sin miedo a decir las cosas, aunque suenen a bomba. Que no nos engañen una vez más, no queremos las plantas, que las instalen en la Gran Vía de Murcia o de Madrid. ¿Por qué tenemos que tragar de nuevo con lo peor? Tenemos la tierra ya erosionada, lo que queda de ríos o acuíferos contaminados o exhaustos, mierda y purines de animales en expresión muy nuestra “pa echarle a los chinos”, el aire apestado, la gente harta de tanta injusticia… y ahora para rematar las plantas de biogás por cojones que solo incrementarán todavía más esos problemas y creará otros nuevos.
Basta de tanto tormento a este pueblo que sigue sufriendo de las impertinencias y el olvido de la política nacional y autonómica; de la local hay que arreglar mucho –casi todo-. Las dichosas plantas son otro capítulo más de engaño para el municipio. Contribuirán sin duda crecidamente a la contaminación, al vaciado de la población de las pedanías afectadas; mentira que traerán riqueza y empleo (mismo engaño que cuando el parador y otros ejemplos), servirá para que los 4 ricos propietarios de grandes explotaciones ganaderas se enriquezcan más a costa del resto, en general a bajar el nivel de vida de la población lorquina, y de por sí venida a menos en los últimos tiempos, como señalan los recientes estudios que vienen publicándose.
Los políticos están para defender a sus ciudadanos, y no para darle cuerda a los 4 de siempre. Los políticos son los gestores y el pueblo debemos ser los garantes de que su gestión sea benefactora para la sociedad y sostenible en el tiempo. Por eso, hay que evitar este nuevo mal e ir empleando las herramientas de inspección y regulación existentes, para que hagan su trabajo correctamente. Basta de seguir gastando recursos para crear instituciones que no sirven para nada, y puestos a medida para los palmeros de turno.
Lamentablemente, hay episodios como la DANA última en Valencia, los últimos incendios en media España… Si nos vamos a nuestro sitio de influencia, por citar algunas: las repetidas inundaciones, la limpieza de ramblas de especies invasoras (no de las autóctonas como el taray), la no construcción de las infraestructuras necesarias para evitarlas, el robo de agua de los ríos y acuíferos para uso privado… Para todo ello hay organismos con sus obligaciones que deben llevar a cabo, como leyes para que se cumplan. Pero, ¿por qué se mira para otro lado y a esos organismos no se les aplican también las leyes con todas las consecuencias cuando no hacen su trabajo? Algo debe haber detrás, y parece que con el asunto de las plantas de biogás se vuelve a repetir la historia, una interminable.
Tendrán nuevos motivos para seguir construyendo nuevos cebaderos –la excusa perfecta de que los purines ya no serán un problema porque tenemos las plantas- Nos las toparemos enfrente de nuestras narices, los olores serán aun peores., veremos pasar cientos de camiones por caminos polvorientos hacia las plantas llenos de purines procedentes de cualquier sitio, de cualquier porquería para utilizarla en ellas, que no nos engañen que serán solo purines y mierda de ganado. ¿Quién controlará para que eso no suceda?
Cuando estén instaladas, -de hecho ya se están construyendo algunas sin haber una regulación clara aprobada, una estrategia incomprensible- porque pasará, luego vendrán los “madre mías”. Como en tantas cosas en esta bendita tierra, bendita para unos cuantos y el mal de los colmos para el gran resto.
Que no nos sigan engañando y vendiendo lo que ya no tiene gracia ninguna: “Vivimos en la mejor y más segura tierra del mundo” Sí, esta tierra es hermosa, extraordinaria y única, pero también por todos sus males, que no son pocos para nuestra desgracia.
Nosotros no queremos que todo esto siga sucediendo. ¿Y tú?
Autor: EnBuenahorA

Lorca. Noviembre 2025
