Lo que necesitamos los pájaros en las ciudades

Vencejos, aviones y golondrinas;  grandes aliados contra las plagas de insectos


Francisco García Molina


Las aves del ecosistema urbano forman parte de su paisaje. Es importante conocerlas, regularlas, estudiarlas, conservarlas, y tomar decisiones en función de las necesidades o de su problemática. Estas se ubican en las ciudades porque encuentran comida, están protegidas por la presencia urbana o utilizan nuestras infraestructuras para poder reproducirse.
 
El hecho de que vivan entre nosotros no es gratuito. Es el caso de los vencejos, golondrinas y los aviones que abandonan sus localidades en África y llegan durante la primavera, cuando las condiciones son más favorables para la cría y el desarrollo de sus pollos.
 
 Lorca por su ubicación, tiene una cantidad de insectos muy numerosos y eso hace que estas aves nidifiquen entre nosotros. Si el número de estas especies disminuye, veremos en poco tiempo un problema de invasión de insectos que afectará a la salud de la población humana y a la agricultura, ya que cada ave se nutre con una cantidad aproximada de 30 gr. de plancton aéreo diario (el equivalente a 1440 insectos del tamaño de una mosca).
 
Son tres aves muy sensibles a los cambios que se producen en las zonas donde nidifican, por lo que tendríamos que ser conscientes de los cambios urbanísticos que van asociados a la desaparición de estas aves.
 
Las más delicadas y en peligro son los vencejos. Recorren más de 9000 km para nidificar en los tejados, oquedades de las casas y muros de Lorca. Años tras año, están disminuyendo drásticamente las poblaciones de los vencejos por las restauraciones de cubiertas y la desaparición de tejas, sin tener  en cuenta los periodos de reproducción.
 
Estas aves solo se posan para nidificar, el resto de su vida se la pasan volando. Como dejó escrito el ornitólogo Francisco Bernis, unas "insuperables máquinas de volar (…) capaces de sostener el vuelo horas y horas sin interrupción, dueñas y señoras del enorme estrato atmosférico". Los vencejos son, en efecto, los vertebrados más aéreos que existen y no sólo cazan mientras vuelan, sino que en pleno aire acostumbran a dormir, cortejar e incluso copular, un caso tan asombroso como único en el mundo de las aves.
 
Las golondrinas son distintas aunque las asociemos a los vencejos, pero no tienen nada que ver. Se alimentan en estrato atmosférico distinto, por lo que no entran en competencia. Se complementan en el mantenimiento de la población de insectos en la zona. Nidifican bajo cubiertas de casa abandonadas o porches. Su población está disminuyendo por la desaparición y cierre de casas en las pedanías y zonas rurales.
 
Los aviones son más pequeños que las golondrinas y los vencejos. Se alimentan de insectos y nidifican en cornisas y/o brencas de ventanas en zonas cercanas al lugar donde se encuentran los insectos: humedales, ríos, huerta, etc. En Lorca se sitúan en las  proximidades del río.
 
Estas aves al igual que las golondrinas y los vencejos, no entran en competencia porque se alimenta en zonas y altitudes distintas. Las tres especies forman el equipo perfecto para mantener controladas las poblaciones de millones de pequeños  insectos.
 
Si el número de estas aves se reduce drásticamente, como está ocurriendo, supondrá un grave problema para los ciudadanos y la agricultura. El paso de millones de años ha hecho que se establezca  un equilibrio entre las aves y los insectos. Y en estos momentos se encuentra en ruptura permanente. Con la llegada de las altas temperatura y con el aumento de granjas de animales, las poblaciones de insectos se disparan y no podemos  eliminarlos por múltiples motivos: son muy pequeños, dispersos, se encuentran en el aire, su desplazamiento es incontrolado, la superficie en la que actúan es muy grande, la utilización de insecticidas son contaminantes y peligrosos para la salud, muy costosos, etc.

Hay que recordar que la China de Mao inició, en 1958, una campaña ordenada por el gobierno, con la obligatoria colaboración de la población, para exterminar los gorriones en los campos por lo “dañinos” que eran y porque se comían las cosechas de arroz, y al cabo de algunos años de intensivas cacerías ordenadas por el gobierno, se tuvo que dar marcha atrás por los desequilibrios que produjo en el ecosistema, favoreciendo plagas de langostas que provocaron hambrunas por las que murieron entre quince y treinta millones de personas.
 
Es por ello, por lo que las administraciones deben tomar conciencia e intervenir para que las acciones de restauración, construcción, demolición, etc. sean controladas, y den alternativas para paliar la desaparición de estas especies (con nidos complementarios, dejar oquedades en los muros, tejas de aireación en los tejados restaurados...) y en particular las de los vencejos. Sería conveniente consultar con expertos para estudiar las mejores soluciones a este problema y ver como lo han solucionado otras localidades sensibles con estas aves.

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